Las organizaciones que hayan sobrevivido o nazcan después de la pandemia, deberán tener una visión y propósito adaptable a entornos complejos, donde, claramente, los consumidores han tenido un tiempo importante para acceder a una amplia oferta de productos y servicios en digital.

 Por: Adriana María Flórez, socio director y gestor de negocios de Aglaia Consultores.

No se pueden calcular el sinnúmero de artículos y documentos sobre la pandemia que han ilustrado los retos para los líderes en estos tiempos de una crisis inimaginable desde hace poco más de un año. Sin em­bargo, los quiero invitar a pensar en un nuevo escenario y cómo vamos a tener que restaurar, no solo la confianza del equipo de trabajo, sino también, reinventarnos con mentalidad positiva en un pa­norama con la salud restaurada para todos y la visión de un nuevo futuro, que aunque todos debemos cons­truir, sobre los hombros del líder está el deber de dirigirnos hacia el bienestar de la organización y estar al servicio de todos.

Uno de los principales factores de éxito estará asociado a la agilidad con que las organizaciones operen en los mercados, donde estos nue­vos consumidores y clientes en ge­neral nos obligan a cambiar la forma en la que hemos considerado los procesos de producción y/o mode­los de servicio, hasta cómo entender las cambiantes preferencias o nece­sidades de nuestro clientes, basados en la inmediatez con la que después de la pandemia podemos obtener información invaluable, gracias a la aceleración de los procesos de trans­formación y pensamiento digital.

Esto me lleva a hablar de la im­portancia de la transformación di­gital asociada a los procesos, no solo operativos y hacia clientes, sino también al servicio de nuestro equipo de trabajo, vista como un aporte para que las personas que nutren una organización puedan generar conocimiento y valor, aprovechando la automatización, la información oportuna y el procesamiento veloz de los datos para la toma de decisiones.

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Es el momento de dejar que brillen los talentos jóve­nes y aprovechar a quienes puedan adaptarse fácilmente a trabajos menos operativos y de mayor generación de conocimiento. Resulta imprescindible invertir en la for­mación y desarrollo de competencias para ser exitosos en la nueva era digital en la que hoy ya estamos.

Así mismo, nos enfrentamos a un mundo donde las personas han generado habilidades de comunicación sin contacto físico, esto ya no es un tema netamente de jóvenes y niños jugando en línea; los líderes están llamados a promover el trabajo en remoto como nuevo aporte a la calidad de vida y el acceso a más talento en otras geografías que antes no imaginábamos.

El reto más grande está en seguir cultivando la cultura organizacional a distancia y copiar las habilidades positi­vas de los influenciadores que logran tener credibilidad y validan las tendencias a través de medios digitales y redes sociales, llegando así, de manera remota, a com­prometer a nuestro equipo de trabajo, motivándolos a alcanzar el éxito profesional y personal que aporte a la compañía y a su posicionamiento en estos nuevos e interesantes mercados.

Las organizaciones que hayan sobrevivido o nazcan después de la pandemia, deberán tener una visión y propósito adaptable a entornos complejos, donde, claramente, los consumidores han tenido un tiempo importante para acceder a una amplia oferta de produc­tos y servicios en digital.

Podemos obtener información valiosa sobre el consumo a través de las plataformas digitales y desarrollar nuestra capacidad de interpretar esa data para transformar nuestra oferta de productos y/o servicios, de ser el caso, y destacarnos al llegar a nuestros clientes en el tiempo y modo que lo requieran. Debemos preparar a nuestras organizaciones para gene­rar estrategias aprovechando la inteligencia de negocios.

Una nueva tendencia que ya venía en boga, pero a la que hoy ninguna empresa puede ser ajena, se refiere a los ecosistemas empresariales. Los líderes pueden aprovechar esta tendencia y detectar a qué tipo de ecosistema se pueden unir para garantizar más posibili­dades de éxito para sus compañías, según lo que pueda aportar y tenga como ventaja competitiva, así como lo que necesite suplir o complementar pero que, siendo parte de dicho ecosistema, se pueda hacer más rápido y al menor costo.

Ser parte de un ecosistema agiliza los procesos de innovación, asegura acceso rápido a ciertos mercados, evita proyectos fallidos y promueve el networking gene­rando un trabajo solidario que mucha falta hará después de la pandemia para contribuir al desarrollo económico de las comunidades.

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Finalmente, como al terminar la guerra, todo líder debe procurar haber tenido la menor cantidad de bajas y haber protegido a sus hombres, como el alma de la compañía que son. Se deben redefinir las metas, nuevas formas de trabajar y comunicar de manera clara y con actitud esperanzadora para subir el ánimo de la tropa, con la fortuna de la lealtad y el compromiso por haber cuidado de ellos y haber librado una batalla juntos.

Todo líder deberá adoptar como libro sagrado los prin­cipios de resiliencia y las metodologías ágiles enfocadas a la transformación de procesos y al servicio de merca­dos dinámicos, de la mano del desarrollo de su equipo de trabajo y hacia el logro de los objetivos de generación de valor para la compañía en el corto y largo plazo. Ser parte de un ecosistema agiliza los pro­cesos de innovación, asegura acceso rápido a ciertos mercados, evita proyectos fallidos y promueve el networking.

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