La intención del Ministerio de Salud de poner un impuesto a las bebidas azucaradas generó una discusión que aún no se resuelve.

A finales de la semana pasada, mientras el país volvía a la discusión sobre si Colombia debe o no legalizar la marihuana para fines terapéuticos, en Cartagena se estaba lanzando un documental que trataba un tema no menos polémico y que ha generado más de una discordia entre las autoridades de salud y los industriales: la intención de algunos gobiernos de aumentar los impuestos a las gaseosas.

En él mostraban lo que había sucedido en México un año después de que las autoridades hubieran decidido aumentar en 10% el impuesto a las bebidas azucaradas para reducir índices de obesidad escandalosos (sólo en la capital el 56% de la población tiene sobrepeso).

Al igual que en el resto del mundo, las empresas productoras de este tipo de bebidas, así como los fabricantes de alimentos con altos contenidos de grasas saturadas han usado un millonario lobby para frenar iniciativas que graven estos productos, con el argumento de que es una medida que solo encarece los precios, pero no ayuda a controlar la obesidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las bebidas azucaradas están desempeñando un papel esencial en esa nueva ola de enfermedades que desplazaron las epidemias que hace décadas aquejaban a la humanidad. La diabetes y las enfermedades cardiovasculares hacen parte de la lista que inquieta a las autoridades sanitarias. Estas últimas fueron las responsables de 66.000 muertes en 2011 en Colombia.

El tema, de acuerdo al Ministerio de Salud, es todo un desafío si se les da una mirada rápida a algunos de nuestros índices: el 17,5% de los niños y jóvenes entre 5 y 17 años tienen exceso de peso y más del 50% de las personas entre 18 y 64 están pasadas de kilos. Eso sin contar que la obesidad extrema fue la culpable de 2.085 muertes en hombres y 1.906 en mujeres hace cuatro años. En plata, si se quiere, todo lo anterior se traduce en que las enfermedades no transmisibles le están costando al sistema $20,7 billones, un número con el que se podrían lanzar unas siete versiones del programa educativo Ser Pilo Paga.

Santiago López, director de la Cámara de la Industria de Bebidas de la Andi, dice que culpan a las bebidas azucaradas (que incluyen gaseosas, tés, jugos, energizantes, etc.) de ser las responsables de los problemas de sobrepeso, pero la evidencia muestra que las bebidas refrescantes no alcohólicas en Colombia representan aproximadamente 2,7% del total de las calorías que consume una persona en el país, “por eso no tiene justificación una política específica en contra de ellas”.

Agrega que para luchar seriamente contra la obesidad hay que informar a los consumidores sobre las calorías en todo tipo de comidas y bebidas, educar para balancear la dieta y fomentar la actividad física. ¿Será esta la fórmula para combatir la creciente obesidad en el país sin que afecte a los consumidores y a la industria?