La consultora dio a conocer la tendencia de los consumidores latinoamericanos a comprar en este tipo de establecimientos en medio de la pandemia, por precios bajos y proximidad.

La pandemia del COVID-19 ha impactado los hábitos de consumo de la población, de acuerdo con la consultora Nielsen, debido a que los ingresos han cambiado y, por tanto, el consumo también: el canal tradicional de compra representa más del 50 % de las ventas totales en América Latina, para consumidores de ingresos bajos.

Si bien durante el inicio de la cuarentena se cerraron el 85 % de las tiendas, la necesidad de abastecimiento ha hecho que estos establecimientos se adapten a las condiciones, expandiendo su portafolio a categorías más esenciales y, de esa manera, supliendo de insumos necesarios a los hogares que tienen alrededor.

“Esto representa una oportunidad clave para fabricantes, minoristas y aplicaciones de entrega como Rappi o Cornershop, para expandir sus opciones de entrega y capturar este enorme mercado. En estos tiempos será clave repensar la estrategia de su cadena de suministro para incluir la cobertura de las tiendas tradicionales a través de herramientas de segmentación para impulsar los esfuerzos en las tiendas correctas”, afirma, en reporte, Oscar Cabrera, Nielsen Analytics en América Latina.

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En México, por ejemplo, el 66 % de los hogares de bajos ingresos se abastecen las tiendas tradicionales y el 30 % en mercados públicos, según encuesta de la consultora. Comparado con el 80 % de hogares de niveles socioeconómicos más altos que declaran hacer sus compras en supermercados.

Las percepciones cambian

Los consumidores de la actualidad son más cautelosos sobre sus compras, pues priorizan elementos de la canasta básica familiar, tales como alimentos, productos de limpieza y elementos de protección (tapabocas, guantes y caretas) para reducir la posibilidad de contagio.

De acuerdo con Nielsen, más del 50 % de los consumidores afirman que han aumentado las compras en categorías como antisépticos o máscaras y también se están abasteciendo de algunas categorías de alimentos, como salsas y condimentos (45 %), alimentos listos para comer (42 %) y productos con fechas de vencimiento más extensas (como enlatados en un 33%).

Así, el 93 % de los consumidores latinos dicen que el COVID-19 tendrá un efecto negativo en sus bolsillos, según Nielsen, debido a que la pandemia ha detenido el mundo en diferentes paradas: cadenas de suministro, operaciones y la economía como tal; efectos que tienen mayor impacto en aquellas personas en pobreza y desigualdad.

Los ecuatorianos, por su parte, se sienten optimistas: consideran que la pandemia puede durar entre dos y seis meses más, pero creen que el impacto en la adquisición de alimentos es mayor, pues optan por una mayor frecuencia de compra de frutas, verduras y carnes frescas.

De tal manera que, a pesar de que en un inicio el 79 % de los consumidores de Ecuador encontraban alguna barrera para las compras online (causada por la preocupación por calidad o errores de entrega), ahora el 50 % tiene mayor predisposición a las compras online, sin dejar de lado los supermercados físicos.

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