Las nuevas leyes de etiquetado frontal, que toman auge a nivel global, están obligando a las empresas de alimentos a repensar sus formulaciones, para así ofrecer alternativas más saludables, que cumplan con las reglamentaciones gubernamentales cada vez más exigentes.

Entre los desafíos más importantes que las empresas de alimentos deben afrontar en el corto plazo está, sin duda, la entrada en vigor de los sellos de advertencia, que hacen parte de las nuevas leyes de etiquetado frontal, con las que diferentes países buscan advertir al consumidor sobre la cantidad de azúcares, grasas, sodio y cafeína (en algunos casos), en los alimentos.

La industria Latinoamericana ha visto como, gradualmente, países como Chile, Perú, México y Uruguay implementaron estas políticas de etiquetado y que en algunos otros, como Colombia y Argentina se han aprobado distintos marcos legales para implementar los “octágonos de advertencia” en el corto o mediano plazo.

Aquellos productos con formulaciones que incluyen azúcar se verán fuertemente impactados, ya que este ingrediente se utiliza ampliamente en sectores como bebidas, repostería, confitería, panificados, heladería y snacks, entre otros. Por lo tanto, resulta clave encontrar una alternativa al azúcar, que no solo sea más saludable, sino que también sustituya sus propiedades de dulzor y sabor específicos para cada producto.

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Tate & Lyle, reconocida empresa proveedora global de ingredientes y soluciones para los mercados de alimentos y bebidas, ofrece diferentes alternativas a la azúcar convencional que pueden ayudar a reducir calorías en los productos alimenticios y por ende la ingesta total de energía. 

Entre las alternativas con mayor eficiencia comparada para dar un sabor dulce a los alimentos y bebidas se destaca la alulosa. De acuerdo a Renata Cassar, gerente de Nutrición para LATAM en Tate & Lyle, la alulosa, un azúcar no glucémico que existe en la naturaleza (en ciertas frutas y alimentos como los higos, las pasas, la melaza y en el jarabe de maple), se caracteriza por ofrecer el sabor y la textura de la sacarosa, sin sus calorías ni efectos en la salud.

“Desde el punto de vista nutricional, la alulosa ofrece beneficios únicos porque no se metaboliza: es absorbida por el intestino delgado y entonces excretada en la orina sin sufrir metabolización. Como consecuencia, la glucosa y el nivel de insulina en la sangre no se elevan y diabéticos la pueden consumir al igual que otros públicos”, afirmó Cassar.

La alulosa también se destaca por su versatilidad para ser empleada en diferentes aplicaciones, “como productos lácteos en general, incluidos el yogurt,  helados, bebidas saborizadas, panificación, confitería, tabletop y aderezos, sin sacrificar el sabor o la textura”, destacó Cassar.

Este ingrediente es una de las soluciones más llamativas, pues, además, trabaja muy bien y en sinergia con otros edulcorantes, logrando mezclas que permiten alcanzar un dulzor óptimo, convirtiéndose en su aliado en procesos de reformulación.

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