La innovación marca una diferencia significativa en una empresa alimentaria. Si no cambias lo que ofrece al mercado, el mercado lo dejará atrás.

La innovación alimentaria es un término increíblemente am­plio y un fenómeno imparable, que involucra todas las etapas de la cadena de suministro y empuja a todas las empresas a hacer todo lo posible para hacer de los ali­mentos un componente saludable, agradable, sostenible y ético de nuestra sociedad.

Sin duda, la cadena de suminis­tro de los alimentos es extrema­damente compleja y requiere la participación de diferentes acto­res, con habilidades y roles muy específicos y extremadamente di­versos, lo que significa que desde cada fase de la producción y dis­tribución es factible realizar una innovación de carácter técnico o experiencial.

En realidad, la innovación ali­mentaria se expresa de formas diferentes y más concretas, en particular, dando la posibilidad de nuevos negocios en nuevos seg­mentos de mercado, siendo vital para garantizar la rentabilidad y la supervivencia de las compañías.

Las demandas y expectativas de los consumidores están en cons­tante evolución y los minoristas buscan nuevos productos para satisfacer estas necesidades. Las empresas que tienen una compren­sión clara del consumidor y el mer­cado emergerán como negocios fuertes y sostenibles. Para lograrlo, las empresas alimentarias deben contar con un sistema de innova­ción formal y centrado en el mer­cado para gestionar activamente todas las etapas del proceso.

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La innovación marca una diferencia significativa en una empresa alimentaria. Si no se cambia lo que ofrece al mercado, el mercado lo dejará atrás. En resumen, la supervivencia no es obligatoria. Las em­presas alimentarias que sobreviven y crecen lo hacen porque son capaces de cambiar; este cambio conduce a una continua satisfacción de las necesidades de los consumidores y, por tanto, al crecimiento. Los econo­mistas generalmente aceptan que una gran parte del crecimiento económico de cualquier nación se genera a partir de nuevas ideas e innovación.

Sin embargo, esta ofrece enormes desafíos y opor­tunidades, pero por su propia naturaleza es un ne­gocio arriesgado, pues a menudo se ve afectado por factores que escapan al control directo de la empresa. La mayoría de las empresas alimentarias fracasan por­que no ven o no reconocen la necesidad de un cambio.

¿Qué es la innovación? En pocas palabras, es el pro­ceso de traducir ideas en nuevos productos, procesos o servicios alimentarios útiles y usados. La palabra innovación significa diferentes cosas para diferentes personas. Sin embargo, es posible categorizar la inno­vación en cuatro áreas generales: innovación radical­mente nueva, una extensión de línea a un producto existente, una adaptación de un producto existente e imitaciones de innovación.

Los últimos tres ejemplos son más típicos de las actividades de innovación realizadas en las empresas alimentarias y, de estos, se desprende claramente que no todos los productos nuevos necesitan ser muy técnicos. Las extensiones de línea, los cambios de empaque y el buen posicionamiento también pueden brindar a las empresas la oportunidad de tener éxito. Los requisitos clave para todos los ejemplos anterio­res son una clara comprensión y conocimiento del consumidor y del mercado.

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En cualquier caso, una definición inicial de inno­vación alimentaria podría ser la que se encuentra en la web de Barilla, líder italiano de excelencias en el sector agroalimentario y empresa que se ha com­prometido a concebir e implementar un proyecto de innovación alimentaria ecológica y articulada.

Según la empresa con sede en Emilia, la innovación digital significa “introducir nuevos sistemas, técnicas y méto­dos de producción con el fin de cambiar radicalmente, mejorando los procesos, productos y servicios para clientes y consumidores.

En primer lugar, está el hecho de que la innovación alimentaria puede afectar tanto a los procesos como a los productos y servicios y, por tanto, los efectos pue­den extenderse a lo largo de toda la cadena alimen­taria. En segundo lugar, Barilla subraya que podemos hablar de innovación alimentaria solo si el resultado obtenido es “real y cuantificable”. En otras palabras, si entre el “antes” y el “después” hay una diferencia, y esta se puede rastrear a través de los datos.

Y es, precisamente, esta bús­queda por los datos, la que ha per­mitido el desarrollo de tecnologías como el Blockchain, que es una de las tecnologías más prometedoras aplicables al sector alimentario. Esto también se demuestra por el hecho de que el número de aplica­ciones y proyectos experimentales basados en esta solución aumenta constantemente.

Esto permite mejorar significati­vamente la trazabilidad de todos los procesos que se llevan a cabo a lo largo de la cadena de sumi­nistro. A través de la implemen­tación de Blockchain, de hecho, toda la información relacionada con un producto es inmutable y completamente transparente, ya que todos aquellos que tienen ac­ceso pueden verla y reconstruir los pasos que posiblemente la hayan modificado.

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