La industria procesadora de leche y derivados lácteos, junto con los ganaderos, tienen el reto de satisfacer las necesidades de los consumidores más informados.


Por: Camilo Montes, director de la Cámara de Alimentos de la ANDI.

El COVID-19 se ha encargado de transformar la rea­lidad a la que los consumidores se habían acostumbrado, un cambio a un ritmo acelerado que llegó con elementos que perdurarán más allá de la pandemia.

Uno de los factores en los que se han visto importan­tes transformaciones son en los hábitos de consumo de alimentos. Actualmente, el consumidor en Colombia y en el mundo es cada vez más sofisticado: toma más en consideración los aportes nutricionales, busca más infor­mación y espera mayor valor agregado en los alimentos que consume. Quiere más productos que resuelvan no solo su interés en alimentarse, sino también que ase­guren la inocuidad y sean ambiental y socialmente sostenibles.

Por lo anterior, el sector lácteo en Colombia se ha visto retado, no solo por las necesidades vistas como consecuencia de la pandemia, sino por todas las creencias que se han desarrollado en esta época, frente a los procesos implementados en los alimentos. El desafío está en cómo la industria procesadora de leche y derivados lácteos, junto con los ga­naderos, satisfacen las necesidades de los consumidores. Quedarse en la tensión histórica entre ganaderos e industria de alimentos es renunciar a atender las necesidades emergentes y beneficiarse de las oportunidades del mercado.

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Por otro lado, y a pesar de las ad­versidades del año 2020, este sector representó cerca del 12 % del valor total de la producción agropecua­ria del país, generó más de 700.000 puestos de trabajo permanentes en el eslabón primario y 70.000 en el de procesamiento industrial. De hecho, según los registros mercantiles en Confecamaras, en Colombia existen 2.139 industrias dedicadas a la ela­boración de productos lácteos, de las cuales el 98,32 % son mipymes.

También, en el período de enero a noviembre de 2020, dimos algunos pasos en la exportación de leche y derivados al superar los USD$15,5 millones a países como Estados Uni­dos, Rusia, Ecuador, Chile y Perú. A pesar de que la cifra no refleja nues­tro potencial, implica un aumento del 38 %, frente al 2019. Esto, sin incluir formidables alimen­tos que también usan los derivados lácteos como materia prima en la galletería, chocolatería y otros productos.

Pues bien, es evidente el potencial económico del sector lácteo en el país, por lo que estamos trabajando, liderados por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural —en el marco del Consejo Nacional Lácteo— en la actualización del Acuerdo de Cadena, buscando garan­tizarla sostenibilidad y competitividad del sector a corto, mediano y largo plazo.

En conclusión, el 2020 nos demostró que el consumi­dor tiene la capacidad de cambiar sus preferencias de forma muy rápida y que cada vez será más exigente frente a lo que consume. Por eso, nuestra labor como industria de alimentos es fortalecer la relación con los comprado­res, difundir la funcionalidad propia de los lácteos para la salud a lo largo de toda la vida humana, las buenas prácticas en la producción y en la comercialización de dichos productos, así como fortalecer el encadenamiento productivo con los ganaderos del país.

En este 2021, un año que tendrá también desafíos des­atados de la pandemia, seguiremos comprometidos con el trabajo conjunto entre el sector público y privado para hacer más sostenibles nuestros procesos lecheros. Ade­más, continuaremos generando empleo, así como atra­yendo la inversión para continuar con nuestro rol como entes clave para la reactivación económica del país.

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