Todos: individuos, gobiernos, empresas, organizaciones, academia y enti-dades, nos preguntamos: ¿qué va a cambiar después de la pandemia ge-nerada por el COVID-19? ¿Qué tendencias y hábitos se quedan y cuáles van a volver a lo que antes conocíamos como normalidad? ¿Cuál es el futuro?

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Todo es incierto. Sin embargo, de lo que si podemos estar com­pletamente seguros es que nues­tro futuro es verde y circular. Como individuos, gobiernos, consumido­res, compañías, organizaciones y academia, debemos cambiar el pa­radigma económico y productivo y evolucionar hacia una reducción en la huella ecológica mediante un cambio en los métodos de pro­ducción y consumo de bienes y recursos. Es la única manera de lograr un crecimiento y desarrollo sostenible.

Esa evolución, la hemos llamado una economía circular de baja ge­neración de huella de carbono. Es decir, antes, en los procesos indus­triales, los recursos se tomaban, utilizaban y desechaban, signi­ficando una continua extracción y descarte de recursos. Ahora, la economía circular, busca la “circu­laridad” de los recursos, para que los materiales una vez usados en lugar de desecharse, puedan ser aprovechados en un nuevo pro­ducto o proceso, ampliando así su vida útil. Pero eso debe lograrse en toda la cadena de valor, represen­tando un cambio positivo para las operaciones, los consumidores y por supuesto para el planeta.

La economía circular de baja ge­neración de huella de carbono es la respuesta para producir más con menos.

Es decir, utilizar lo necesario, haciendo un uso eficiente de los recursos, lo que denominamos como ecoeficiencia. Esa economía circular implica la regeneración de recursos naturales para asegurar su disponibilidad a lo largo del tiempo y garantizar recursos para las genera­ciones venideras. Por eso es fundamental, priorizar la obtención de materias primas de fuentes renovables sobre los recursos finitos, además de asegurar el re­ciclaje de los residuos y su efectiva inclusión como materias primas para generar nuevos productos.

Esta es una parte de la ecuación. La otra, igual de importante, es garantizar una baja generación de hue­lla de carbono, lo que implica acciones y desarrollos sobre toda la cadena de valor, que disminuyan las emi­siones de carbono, responsables del calentamiento global. Por ejemplo, se hace necesario reemplazar la energía de origen fósil como el petróleo, el gas y el carbón, que en su momento fueron muy útiles para nuestra civilización, por energía de fuentes renovables como la solar o eólica. Así mismo, debemos ser muy responsables con el consumo de agua y energía y generación de efluentes.

Entonces, si tuviéramos que hacer un listado de los pasos que debemos tener en cuenta para lograr este cambio de paradigma y lograr procesos eco-eficientes serían:

  • Optar por materiales obtenidos de forma sostenible, primando el origen renovable o biobasados.
  • Garantizar una operación en toda la cadena de valor con baja generación de carbono.
  • Promover una logística de bajas emisiones, desde que se trans­portan las materias primas, hasta cuando se traslada el producto final al consumidor y, por supuesto, en el momento del consumo.
  • Tener un envase que permita ofre­cer trazabilidad e información rele­vante al consumidor de todos los procesos implícitos en el producto que consume.
  • Reducir a la mitad el desperdi­cio per cápita de alimentos en el mundo, aportando seguridad ali­mentaria y consolidando una eco­nomía que utilice los recursos de manera más eficiente. Ojalá logre­mos dar la vuelta a la triste realidad que vivimos hoy, en donde hay 1.300 millones de toneladas anua­les de alimento desperdiciadas vs. 2.000 millones de personas en es­tado de desnutrición en el mundo.
  • Reciclar y separar en la fuente.

Ahora bien, desde Tetra Pak te­nemos una ambición a 2030, que se suma a todo este listado por el cual trabajamos, y es lograr que nuestros envases sean 100 % re­novables, 100 % reciclables y con posibilidad de ser reciclados en cualquier lugar del mundo.

Sobre esto, quiero hacer énfasis en un eslabón en esa cadena del reciclaje que en Colombia es absolutamente relevante y son los recicladores. Entender y valorar su labor es sumamente importante porque cumplen un rol clave en todo este círculo, y es brindar un material de calidad para que pueda ser incorporado como materia prima en la industria del reciclaje. De ese modo, debemos exaltar, reconocer y fortalecer su actividad para poder lograr los anhelos que tenemos como sociedad.

La pandemia generada por el COVID-19 nos puso a pensar a todos en nuestro presente pero sobretodo en nuestro futuro. Nos ha demostrado que nuestra salud y nuestro bienestar son absolutamente dependientes del bienestar y la salud del planeta y elegir qué con­sumimos es en gran parte lo que garantizará que ese paradigma se cumpla. Por eso, la economía circular de baja generación de carbono ya no es solamente responsabilidad de unos pocos, debe ser la forma de proceder de todos. De todos los que queremos un fu­turo sostenible y con muchas posibilidades.