Los alimentos, al ser productos de primera necesidad, aparentemente presentarían una demanda constante, sin embargo, esta industria, en especial, la de proteínas de origen animal, no ha salido ilesa del impacto de esta nueva realidad.

El primer semestre de 2020 ha transcurrido al ritmo del vaivén impuesto por las medidas tomadas por el gobierno nacional para hacer frente a la propagación del COVID- 19, que para la fecha en el que se escribe este artículo, vive su etapa más crucial.

Y aunque durante las primeras semanas que se anunció la cuaren­tena en el país, se observó un im­portante crecimiento del consumo; pues los hogares se depararon con la necesidad de abastecerse para enfrentar el aislamiento y mante­nersus hogares, registrando un aumento en el ticket de compra del 22 % en marzo vs febrero, para el mes de mayo, este mismo se redujo en un 24 % versus la primera semana de marzo.

Por su puesto, los alimentos, al ser productos de primera necesidad, aparentemente presentarían una demanda constante, sin embargo, esta industria, en especial, la de proteínas de origen animal, no ha salido ilesa del impacto de esta nueva realidad.

Y es que a diferencia del comportamiento que se presentó en 2019, donde cada colombiano consumió en promedio 36,5 kilos de pollo, 18,6 kilos de carne de res, 11,1 kilos de carne de cerdo, 8,7 kilos de pescado y 291 unidades de huevos, cifras que distan de las registradas durante el primer semestre del 2020.

Según la Federación Nacional de Avicultores de Colombia, FENAVI, la comercialización de pollos dis­minuyó entre 35 % y 40 %, a consecuencia del cierre de asaderos y restaurantes. Ante esta situación, el presidente de FENAVI, Gonzalo Moreno, indicó que la producción de carne de pollo se tuvo que ajustar a la baja en aproximadamente el 20 %. No obstante, tam­bién resaltó que en el mes de julio se observó una reac­tivación, gracias a estrategias encaminadas a fortalecer los servicios de domicilios, sumado a la flexibilización de las restricciones en las zonas donde la población colombiana que no presentan casos de COVID-19.

Para la entidad financiera Rabobank, “la volatilidad podría verse exacerbada por los desafíos actuales para equilibrar la oferta y la demanda y por la ines­tabilidad del tipo de cambio. Por otro lado, la pers­pectiva del precio del alimento relativamente bajista proporcionará a los productores un poco de alivio en el lado de los costos de sus negocios”.

En este mismo sentido, el sector del huevo, que al inicio de la emer­gencia presentó una alta demanda, especialmente de organismos es­tatales, generando una presión en la oferta cercana al 30 %, la agremiación advirtió sobre una la­tente sobreoferta de huevo, dado que la población colombiana está consumiendo menos y se han evi­denciado ventas en carretillas e in­formales en las zonas residenciales.

Por su parte, el presidente ejecu­tivo de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan), José Félix Lafaurie, afirmó que la oferta na­cional de carne bovina, del orden de 800.000 toneladas anuales, está ligada, como todos los bie­nes, al dinamismo de la demanda en primer lugar, que, en este caso, se caracteriza por ser muy elástica al precio, lo cual representa una enorme desventaja en momentos como el actual, de disminución de ingresos en grandes sectores de la población, a lo cual se suma la presencia en el mercado de una mayor variedad de productos sus­titutos, (cerdo, pollo, ovinos, pes­cado, etc.).

“Esta situación empuja hacia abajo los precios de la carne y se suma también a la época invernal en donde hay mayor disponibi­lidad de pastos -comida-, menor tiempo de engorde y una mayor oferta de animales para sacrificio, que será mucho más evidente en el segundo semestre”, afirmó el directivo.

Según el analista Angus Gid­ley-Baird, de Rabobank, mientras que algunos países, como China, Australia, EE. UU. y, más reciente­mente, Europa, comienzan a re­ducir algunas de las restricciones, otros países, como los de América del Sur, apenas comienzan a sen­tir los impactos. “La contención del virus, las posibilidades de una segunda ola de infecciones, las reacciones de los consumidores y las consecuencias económicas aún son inciertas”, afirmo Gidley-Baird.

Según las cifras que maneja Fedegan, esta mezcla de factores ha traído como consecuencia una reduc­ción de entre el 30 % y 40 % de animales sacrificados para consumo interno. “La combinación de una mayor oferta efectiva por cuenta del invierno, una caída también efectiva de la demanda a causa de la penuria en amplios sectores de la población, y el consecuente desplome del precio al productor, es un escenario de crisis aún peor que el sufrido por la ganadería en 2009, cuando no hubo caída de la demanda, pero el cierre abrupto del mercado venezolano, con exporta­ciones que alcanzaron los 500 millones de dólares al año, generó una excesiva sobreoferta que desplomó el precio y afectó los ingresos del ganadero en no menos del 35 %”, comparó el dirigente gremial.

Para el sector porcicultor, la realidad no ha sido distinta. En entrevista con IAlimentos, Jeffrey Fajardo López, presidente ejecutivo de Porkcolombia, afirmó que “el cierre del canal HORECA (Hoteles, Restaurantes, Bares y Casinos) y el canal institucional, a través de los cuales se comercializa cerca del 10% de la producción porcícola, generó graves dificultades en la comerciali­zación por sobreoferta, con un resultado final como fue la caída de los precios de compra al porcicultor.

Esto, sumado al impacto en la capacidad adquisitiva de los colombianos conllevó a reducir la demanda de la carne de cerdo, con consecuencias inmediatas en la caída del precio al porcicultor, que llegó a ser de un 25,5 %, y el aumento de los costos por mayor volumen de inven­tarios en granja y carne en plantas de procesamiento, estimados en un 30 %, efecto vivido principalmente en los meses de abril y mayo”.

Según cifras de Porkcolombia, al cierre del primer semestre del presente año, la producción de carne de cerdo en el país subió 5,1 % con respecto al mismo periodo del año anterior, totalizando 218,7 mil tonela­das. Sin embargo, producto de la crisis del COVID-19, el sector perdió ritmo de crecimiento en los meses de marzo a mayo. En el mes de marzo por primera vez no se registró crecimiento frente a febrero y el indicador de abril cayó en un 16 % frente al mes anterior, la mayor caída de todos los tiempos del sector porcícola nacional.

Para el directivo, es claro que el consumo de carne de cerdo dependerá altamente del nivel de ingresos de los hogares, y este último está relacionado con las condiciones económicas del país. “Los ejercicios estadísticos nos permiten concluir que la carne de cerdo es un bien que cuando se registra una caída por­centual en el ingreso, esto implica una caída en mayor proporción en su consumo. Puntualmente, estimamos una elasticidad ingreso de la demanda de 1,46 y, por consiguiente, una reducción en el ingreso y gasto de los hogares del 1% implica una caída del consumo de carne de cerdo del 1,46%”, resaltó Fajardo.