Según estimaciones de BDS Analytics, el mercado de alimentos y bebidas con infusión de cannabinoides alcanzará los US $ 5.9 mil millones para 2024 en todos los canales.

Por: Joan H. Bocanegra Gutiérrez, Editor IAlimentos

La atracción que genera lo prohibido o cuestionado también tiene cabida en la industria de ali­mentos y bebidas. Se podría decir que la historia de la sociedad occi­dental con la marihuana y el cáñamo ha sido más que accidentada, y ese halo que ha rodeado a esta planta ha sido alimentado por décadas, y con razón.

Sin embargo, ante la complejidad de los compuestos que hacen parte de esta planta, que suman más de 80, las potenciales aplicaciones del cannabis en diversas industrias han llamado el interés de las compañías.

Para dar un poco de contexto, técnicamente, el cannabis con altos niveles de THC se conoce como ma­rihuana y está regulado como un psi­coactivo, pero aquel que no contiene más del 0.3% de THC sobre una base de peso seco se conoce como cáñamo y fue eliminado de la regula­ción como droga en Estados Unidos con la promulgación del Proyecto de Ley Agrícola en 2018, la cual, por supuesto, dividió la relación entre la sociedad y esta planta con sus compuestos.

Sin embargo, en Estados Unidos y Canadá, especialmente, la tendencia del uso THC y CBD en el desarrollo de alimentos y bebidas toma mayor relevancia, aún con marcos legales difusos. Ya desde 2017, la Asociación de Alimentos Especiales de Estados Unidos predijo que el cannabis es­taría entre las 10 principales ten­dencias alimentarias de los próximos años.

Desde entonces, una multitud de empresas incipientes, así como im­portantes empresas de alimentos y bebidas como Molson Coors y Hei­neken, han comenzado a explorar oportunidades para lanzar nuevos productos con infusión de canna­binoides en lugares donde es legal.

En la actualidad, en Estados Uni­dos, 33 Estados han legalizado el cannabis para uso médico, y 10 Esta­dos, así como Washington, D.C., han legalizado el cannabis recreativo para adultos mayores de 21 años. Sin embargo, las leyes que rigen la venta de productos comestibles difieren de un estado a otro.

Para la compañía de sabores Bell Flavors & Fragrances, que lanzó en septiembre pasado una nueva gama de sabores naturales y extractos de cáñamo, son tres los principales desafíos en el uso del CBD como ingrediente: estabilidad térmica; al ser soluble en aceite, requiere de emulsiones para aplicaciones y, por último, contar con proveedores que garanticen concentraciones de THC inferiores al 0,3 %.

A lo anterior, se suma que los ex­tractos de cannabinoides son aceites notoriamente amargos y son difíciles de trabajar, debido a su naturaleza similar al alquitrán. Al respecto, una investigación patentada por Bell de­terminó que, aunque los consumidores pueden tener opiniones diferentes sobre el sabor y el olor del cannabis, muchos aún desean los beneficios funcionales que pro­porciona la planta. Esto fue lo que motivó a la compañía a desarrollar su gama de enmascaradores y potenciado­res para neutralizar o enriquecer el sabor y el olor del cannabis, y, al tiempo, mantener la integridad funcional de la planta.

Un mercado incipiente, pero prometedor

Según estimaciones de BDS Analytics, el mercado de alimentos y bebidas con infusión de cannabinoides al­canzará los US $ 5.9 mil millones para 2024 en todos los canales, incluidos los dispensarios de cannabis.

Lo anterior responde a la variedad de aplicaciones, del CBD en alimentos y bebidas. Según la compañía Picco­linni, con sede en Colombia, los resultados organolépticos de diferentes aplicaciones realizadas por su equipo de Innovación y Desarrollo en la línea de sabores, mostraron que las categorías de bebidas listas para consumir (en polvo o infusiones), bebidas alcohólicas, confitería, pani­ficación y horneados presentan las mejores alternativas de aplicación.

En Europa, según señala Bell, productos a base de cáñamo aparecen cada vez más en el sector de la ali­mentación y las bebidas, los cuales presentan, en su mayoría, la hoja de cáñamo en el envase, respondiendo a la curiosidad del consumidor y al deseo de experimentar con el cáñamo. “Además, el cáñamo ha adquirido una gran importancia debido a sus beneficios nutricionales. Las semillas de cáñamo se comercializan especialmente como un “superalimento” debido a su alto contenido en omega 3 y 6, junto con una proteína altamente digerible compuesta por todos los aminoácidos esenciales”.

Por su parte, en América Latina, y especialmente, en Colombia, “las nuevas generaciones de consumo tienen una visión diferente respecto al CBD y un alto nivel de receptividad; esto sumado a los avances en la investigación de sus posibles beneficios, y la alta disponibilidad de este producto en Colombia, si se compara con otros países, hace que nos sintamos con la responsabilidad de desarrollar sabores que respondan a estas nuevas demandas”, afirmó Piccolinni en entrevista con IAlimentos.

Sin embargo, el interés no siempre tiene una relación directa con la oferta. Para Piccolinni, se trata de una “categoría de productos” muy emergente, con alguna disponibilidad en tiendas naturistas, tanto en alimentos como en cosméticos, de forma que hablar de una posible disponibilidad en el mercado de una manera más representativa, depende principalmente de los avances legislativos.

No obstante, el camino para el CBD sigue siendo difuso en la región y no dista de lo visto en Estados Unidos, a juicio de Picco­linni. “Tuvimos la oportunidad de participar en ferias en Estados Unidos en donde se trataron estos temas y la verdad es que no encontramos mayor diferencia entre la situación actual de ellos con la nuestra. Todo se resume a definir la legalización y condiciones de uso de estos productos en la industria. Es más, siendo un poco más osados, se puede decir que los colombianos tenemos un poco más de familiaridad con estos compuestos si lo sacamos del con­texto exclusivamente recreativo y lo lleva­mos al ámbito productivo y de fabricación.

Por lo pronto, el futuro de estos ingredien­tes dependerá de tres factores fundamen­tales: el aumento del número de países que permiten el cultivo y el procesamiento legal del cáñamo, el incremento de las inversio­nes que impulsan la innovación de los pro­ductos, y la escala y el creciente interés de los consumidores por el perfil de nutrientes saludables de la planta. ­