En la actualidad, los consumidores buscan comer sin remordimientos, disfrutar de comida deliciosa y que a la vez sea saludable. Es allí donde se enmarca un importante reto para la industria de alimentos.

Por: Jessica Bermudez. Periodista IAlimentos.

En temas de alimentación, muchas veces darse un gusto puede ser sinónimo de cometer un pecado en contra de la salud, sin embargo, una nueva tendencia en la industria está cambiando la forma en que se perciben los alimentos en el mercado.

La indulgencia, definida como la facilidad de perdonar, disimular las culpas o conceder gracias, ha sido aplicada a la industria como una tendencia cada vez más común y con más acogida de consumo. ¿A qué se debe? Para Silvia Vanetti, business insight manager de DSM Human Nutrition & Health, la indulgencia es buscar una experiencia al momento de alimentarse, sin dejar de lado lo que le hace bien a cuerpo y mente. “Es un comportamiento cada vez más presente en la rutina de las personas que están enfocadas en alimentarse de lo que les hace bien en términos de salud mental y física”, explica.

Esta tendencia surge a raíz de los cambios demográficos y generacionales tales como el aumento de la obesidad, el sedentarismo y la búsqueda de un envejecimiento saludable. De igual forma, inciden los problemas de salud como estrés e insomnio y más conocimiento por parte del consumidor sobre temas relacionados con nutrición proactiva. Y es que, según el informe de 2019 de Naciones Unidas, “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional”, la situación en la región es preocupante si se tiene en cuenta que el consumo de comida rápida y ultraprocesada ha triplicado la prevalencia de la obesidad en adultos desde el año 1975.

La publicación además destaca que la región está peor que el resto del mundo en la mayoría de los indicadores de malnutrición relacionados con la ingesta excesiva de calorías y que cada año 600.000 personas mueren en América Latina y el Caribe debido a enfermedades relacionadas con la mala alimentación y la obesidad, como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

Este panorama es el que ha generado un ambiente de preocupación en los consumidores que han empezado a interesarse en su alimentación, exigiendo a la industria productos que cumplan con estas expectativas sin dejar de ser atractivos para el paladar.

Para implementar estrategias que promuevan alimentos indulgentes, la industria, según Vanetti, ha considerado añadir ingredientes funcionales y nutricionales como vitaminas, minerales, lípidos nutricionales, como omega 3 o carotenoides, que puedan ofrecer al consumidor un beneficio de salud específico como energía, inmunidad cardiovascular o mejor sueño, por ejemplo.

Lo anterior ha motivado a la industria a emplear ingredientes alternativos que cumplan con las mismas funciones pero que no vayan en contravía de la salud. En el caso de los edulcorantes, por ejemplo, el azúcar está siendo reemplazada por endulzantes naturales como la stevia, una planta asociada con la alimentación saludable.

La indulgencia definitivamente se está tomando todos los mercados y es notable en las categorías de snacks, confitería y bebidas energéticas. Según resalta, Vanetti, “en Latinoamérica se han lanzado más de 400 nuevos productos Indulgentes con adición de vitaminas o beneficios de salud funcionales. Brasil y México son los principales países en lanzamientos, seguido de Colombia con un 10 % del total”.

Para estar más acorde con esta tendencia, las compañías de alimentos han empezado a reducir el azúcar, las grasas y el sodio de sus alimentos y lo han reemplazado por vitaminas, minerales, probióticos, proteínas, fibras y omegas. Acciones que han sido bien recibidas por los consumidores, que, al encontrar estos cambios en las formulaciones reflejadas en el etiquetado, sienten mayor confianza en el producto y lo adquieren sin algún sentido de culpa.

Con respecto a los retos de la industria frente a esta tendencia, Vanetti resalta que las empresas deben garantizar que aun cuando el alimento sea nutritivo continúe con la indulgencia que busca el consumidor en términos de sabor y textura. “Las tecnologías de alimentos están ahí para eso”, agrega.

Por su parte, Camilo Escobar, director de Analytics Consulting de Nielsen Colombia, aclaró que para esta compañía la nutrición indulgente es aquella denominada saludable y, por otro lado, la indulgente es, precisamente, aquella que permite darse gusto, y que contiene ingredientes como azúcar o grasa, pero que igual es consumida por gusto.

En ese sentido, Nielsen hace seguimiento específico a un grupo de productos denominado canasta saludable, el cual está conformado por aquellos productos que en su comunicación declaran ser saludables, ya sea porque excluyen ciertos ingredientes que en exceso pueden ser perjudiciales (o alérgicos), cómo grasas saturadas, conservantes, altos niveles de azúcar y colorantes, etc.

“De esa manera podemos comparar cómo evolucionan los hábitos de los consumidores en cuanto a estos productos saludables y la canasta indulgente, es decir, la que incluye alimentos que no se declaran saludables y que consumimos porque nos damos gusto o porque no hay alternativas en el mercado”, asegura Escobar.

De la misma forma, afirma que los consumidores están buscando cada vez más alternativas saludables, pero también conveniencia, transparencia en las etiquetas y practicidad en los empaques. Una característica fundamental de los consumidores del mercado actual es que valoran la honestidad en las etiquetas, debido a que sienten que están lo suficientemente informados para decidir cuáles son los productos a consumir, ya sea por el beneficio que ofrece para la salud o por el gusto que le pueda aportar.

“Los fabricantes tienen un gran reto. Los consumidores sostienen que aún no tienen suficientes opciones en las estanterías para satisfacer esta necesidad, así que el esfuerzo de parte de los fabricantes por desarrollar innovaciones en la canasta saludable debe ser constante. Es una buena dirección para encaminar innovaciones”, añade Escobar.

Ante estas demandas, la respuesta de la industria ha sido sumar a sus portafolios productos que excluyan aquellos ingredientes que más quieren evitar los consumidores (grasas saturadas, azúcar, colorantes y conservantes artificiales, lactosa, gluten, entre otros) y que, a su vez, aporten un valor adicional, como vitaminas y minerales.

Ante esta situación, las compañías se han centrado en sacar provecho de esta tendencia, por ejemplo, DMS se concentra en com¬prender que el conocimiento del consumidor es fundamental para generar relevancia. “Hay que tratar de entender las principales necesidades nutricionales y demandas del consumidor y conectarlas con la propuesta de producto”, indica su vocera Vanetti.

Para Nielsen, por su parte, el reto está en ofrecer a los consumidores productos que atiendan el deseo por una nutrición saludable y, a la vez, satisfagan demandas como conveniencia, sostenibilidad y practicidad.