La industria alimentaria se enfrenta a retos en la cadena de suministro, acceso a materias primas y métodos para blindar las plantas de procesamiento ante la presencia de la pandemia.

Por: Joan Bocanegra. Editor revista IAlimentos.

El 2020 apenas da sus primeros pasos, pero parece que ya se puede deslumbrar como lo recordaremos: el año de la incertidumbre. Son tan pocas las certezas que tengo al momento en que se escriben estas líneas, que no imagino dónde las leerán, las mismas que otrora ojeaban desde el escritorio de su compañía, hoy es sustituido por un comedor, todos en familia, todos resguardados del temor invisible.

No hay duda: la industria alimentaria se enfrenta a uno de los mayores retos de la última década, aún sin prever el verdadero alcance de la propagación del COVID-19, aun cuando la cuarentena continua haya llegado a su fin, es indudable que a lo largo del año las reglas del juego serán distintas, pasadas por el prisma de la prevención. No obstante, todos los actores de la industria tenemos una obligación casi moral, mantener la cadena de suministro y garantizar el flujo de materias primas para la producción de estos productos de primera necesidad.

Satisfacer la demanda en el corto plazo no representó un problema para la mayoría de las empresas productoras. En el caso de Colombia, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) y la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) afirmaron que el país cuenta con la capacidad de abastecer las necesidades de los nacionales. Mensajes similares se han emitido desde todos los países de la región, desde donde se encuentran coordinando estrategias que permitan y garanticen el constante flujo de productos desde los sitios de producción a los lugares de distribución en donde son adquiridos los productos.

No obstante, algunos analistas de la industria expresaron incertidumbre sobre el grado y la duración del impacto del brote y la capacidad que tendrán las compañías para responder a una alta demanda constante. Ya a finales de febrero, como parte de su informe anual, Coca-Cola reveló que la producción y las exportaciones se han retrasado para la producción de su línea de bebidas dietéticas y sin azúcar.

Por su parte, el mayor productor de alimentos, Nestlé, en voz de su CEO, Marck Schinder, reveló que la operación de la compañía no ha alcanzado un nivel mínimo de normalidad en medio de la emergencia sanitaria. En un mensaje de video enviado a todos sus colaboradores, el directivo señaló que la mayoría de las fábricas continuaban operativas, pero recordó que las limitaciones logísticas y la menor presencia de empleados como resultado de contagios o medidas de precaución ha impedido, en algunos casos, operar al 100 % de la capacidad.

Lo anterior lo reafirmó en una entrevista otorgada a Bloomberg TV, donde destacó: “estamos trabajando turnos adicionales donde podemos, mejorando los niveles de inventario en todos los niveles de fabricación, pero hay que tener en cuenta este es un momento muy desafiante y solo llegar a los niveles normales de fabricación es un logro bastante sobresaliente ahora mismo”.

Pero el reto no solo se encuentra en la capacidad de acceder a las materias primas con la velocidad que la demanda del pánico vacía las góndolas, en las plantas de procesamiento se riñe una propia lucha: evitar que el COVID-19 per-mee su operatividad. Este enemigo invisible ya atestó sus primeros golpes a las principales compañías productoras de alimentos en los Estados Unidos: Tyson Foods, Cargill y JBS USA.

En un comunicado, el pasado 6 de abril, el CEO de Tyson Foods, Noel White, informó que la compañía había decido suspender las operaciones en su planta de pro¬cesamiento de carne de cerdo en Columbus Junction, Iowa, la cual procesa el 2 % de la proteína de ese país, después de que más de dos docenas de trabajadores se infectaron con COVID-19.

De forma paralela, el Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (RWDSU, por su sigla en inglés) denunció la muerte de dos trabajadores de la planta de pollos de Tyson Foods en Camilla luego de contraer el virus.

Por su parte, Cargill informó el cierre de las instalaciones de su planta en Hazleton, Pennsylvania, donde se procesan productos como carne molida, filetes, carne asada y productos de cerdo que se venden en supermercados en todo el país.

Según detalló por medio de un comunicado, su objetivo es mantener saludables a sus más de 900 empleados de esta instalación y minimizar el riesgo dentro de la comunidad Hazleton, que ha sido muy afectada por el COVID-19.

Otro productor importante, JBS USA, detuvo la operación de su fábrica de carne de res en Souderton, Pennsylvania, debido a que algunos miembros del equipo administrativo comenzaron a mostrar síntomas, paralizando la operación.

Los casos de coronavirus no se limitan a las plantas de carne. Archer-Daniels-Midland Co., uno de los mayores comerciantes de pro¬ductos agrícolas del mundo, informó que cuatro empleados de su complejo de procesamiento de maíz en Clinton, Iowa, dieron positivo por el virus. La compañía dice que tiene menos de 20 casos a nivel mundial.

Lo anterior, expone la fragilidad de las cadenas de suministro mundiales que se necesitan para mantener las tiendas de comestibles abastecidas después de que las compras motivadas por el pánico dejaran, por algunas horas, las góndolas vacías.

Efectos del COVID-19 en los precios

Este efecto también ha impactado a la industria láctea a nivel mundial. En el más reciente informe de RaboResearch Dairy Quarterly titulado “The Corona Hangover”, se alerta sobre la desaceleración en la demanda de exportaciones de pro¬ductos lácteos, no porque vean un menor uso del consumidor, sino por¬que los envíos deben pasar por más protocolos y procedimientos para llegar a algunos lugares del mundo. Esto podría respaldar la oferta y generar precios más bajos que podrían perjudicar a la industria.

Sin embargo, en el corto plazo, la demanda de productos lácteos podría ser positiva si los proveedores pueden mantener los estantes almacenados. Algunos productores lecheros dicen que han visto un aumento en los negocios a medida que la leche y el yogur están saliendo de los estantes. Probablemente será un desafío para los productores mantenerse al día con la demanda a medida que el virus se propaga.

El impacto de la pandemia también transformará el mercado avícola a nivel mundial. Según el más reciente análisis de Rabobank, para el segundo trimestre de 2020, se espera que, a raíz de una nueva caída en la producción de carne de cerdo, especialmente, en Asia, el mercado internacional de aves de corral presente un crecimiento.

La interrupción de los insumos que influyen en la producción y el procesamiento en curso de productos avícolas también plantea desafíos potenciales, incluidos los productos farmacéuticos y los ingredientes de los piensos, sin embargo, “esperamos un mayor consumo de aves de corral en el hogar y mayores ventas de pro¬ductos avícolas no perecederos”, afirmó Nan Dirk Mulder, especialista en proteínas animales de Rabobank.

Los expertos señalaron que el mayor problema relacionado con el coronavirus será el impacto de la oferta y la demanda impulsada por la cuarentena, la logística y los cambios temporales en la demanda del consumidor para el consumo doméstico y los productos no perecederos. Dado que esto puede afectar la relación de oferta y demanda, también puede afectar el mercado y los precios avícolas mundiales.

Si bien muchos mercados continúan recuperándose de la influenza aviar, la producción y la demanda avícola de países como Brasil y Tailandia está creciendo. Estados Unidos es considerado como uno de los países con el desempeño más débil, debido a un excedente avícola, uniéndose a India, donde las preocupaciones por el coronavirus crearon incertidumbre, y China, que está en recuperación después afrontar la peste porcina africana.

Homologación de proveedores

No es un secreto que la mayoría del suministro mundial de alimentos es transportado en barcos, pero esta emergencia sanitaria ha causado un seísmo en el modelo. A la fecha en que se redacta este informe, más de 30 de los principales puertos del mundo tienen restricciones para el ingreso de barcos o cambios de tripulación, lo cual se ha traducido en mayores dificultades para el planeamiento de las rutas.

Las compañías han optado por el transporte aéreo, sin embargo, la creciente demanda ha motivado el alza en los costos en la cadena de suministro. Al respecto, la revista IAlimentos conversó con Juan Guillermo Aristizábal, experto en Supply Chain y catedrático de estudios de posgrado, quien considera que, en la actual coyuntura, donde los consumidores se han visto obligados a abastecerse de todos los bienes necesarios para los períodos de cuarentena, las compañías se están viendo obligadas a redefinir los mapas de abastecimiento, optando por cadenas de abastecimiento invertidas, buscando proveedores locales para continuar con su operación.

En el caso de Colombia, por ejemplo, las industrias avícola y porcícola tendrán que sortear, adicionalmente, la devaluación del peso frente al dólar, que en lo corrido del año supera el 22 %, las cuales importan el 70 % de insumos como el maíz y soya para sus productos. Lo anterior motivó a que la agremiación PorkColombia solicitará a los Ministerios de Comercio y Agricultura de este país el diferimiento arancelario al 0 % para las importaciones de maíz, proveniente de Estados Unidos y Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Mercosur).

Como es evidente en cualquier escenario retador, las oportunidades y dificultades se presentan en partes iguales, sin embargo será, gracias a un liderazgo sensato y eficaz como cada uno de los actores de la cadena sabrá, no solo mantenerse sólidos, sino salir fortalecidos después del paso de la ola del COVID-19.