Fuente: Premex

La higiene, el orden, la disciplina, el manejo ambiental, el control de plagas y otras acciones preventivas como la vacunación, son algunas de las buenas prácticas de producción avícola, que hacen parte de los programas de bioseguridad.

  1. Ubicación estratégica: Zonas rurales, con vías de acceso de uso exclusivo para el personal. Es importante que las carreteras de acceso estén pavimentadas, debido a que las de tierra generan polvo, convirtiendo sus partículas en fuente de contaminación microbiana.
  2. Prohibido el paso”: El principal transmisor de agentes infecciosos para las aves es el hombre. Por esto solo aquellas personas que tengan vinculación directa con la producción, pueden acceder al interior de los galpones. Todo el personal deberá cambiarse completamente y no ingresar ninguna prenda personal, también debe bañarse con agua y jabón, y en algunos casos, usar sustancias antisépticas.
  3. Periodo de descanso: Se debe realizar un vacío sanitario de al menos 10 días, y cuanto mayor sea este período de descanso, menores serán los riesgos.
  4. Áreas y equipos limpios: Adicional a las tareas de limpieza diarias, se deben aprovechar los vacíos sanitarios para realizar una exhaustiva limpieza y desinfección de la granja, limpiando las tuberías y los tanques de almacenamiento de agua.
  5. Control de plagas: Los insectos y roedores son transmisores de agentes infecciosos que impactan negativamente la producción. Para lo anterior, es importante evitar la acumulación de escombros y el crecimiento de malezas alrededor del cerco perimetral.
  6. Uniformidad: Sus lotes deben poseer una única edad, teniendo presente el sistema “todo dentro – todo fuera”, que consiste en que las aves ingresen todas juntas (única edad) y se retiren al mismo tiempo, una vez finalizada la producción.