Durante el 2014 y con una inversión superior a $3.000 millones en equipos e instalaciones, Embotelladora Capri prevé suplir la creciente demanda de los consumidores. Las empresa contempla las ventajas de un mercado bajo aunque con un gran potencial.

Según el portal Portafolio.co, las ventas de los primeros se incrementaron 40 % en 5 años con ingresos de 12,5 billones de pesos, y crecerán 4,5 % durante 2014; cifras que califican a este sector como uno de los más prometedores y dinámicos según la ANDI.

Los números favorecen también a los productores de bebidas alcoholicas, pues según datos de la Encuesta Anual Manufacturera del DANE, este gremio ha empleado un promedio de 7.300 personas por año entre 2002 y 2012, con una representación del 45% en el empleo del sector de bebidas y del 1% del empleo industrial, y ha producido anualmente $4,6 billones (en pesos colombianos de 2012) para ascender a un total de 59% de la participación en el sector de bebidas y a un 4% del valor de la producción industrial en el país.

De acuerdo con esta cifras, se destacan los ejemplos de industrias nacionales que, a pesar del dominio de marcas más reconocidas, sobresalen por su afianzamiento y expansión; como es el caso de la Embotelladora Capri LTDA.

Capri desde la Universidad

A 19 km de Bogotá, en la localidad de Chía, se encuentra ubicada la planta de la compañía, desde cuyos inicios cuenta con la presencia de Felipe Moreno, un administrador de empresas, quien ya en sus tiempos de universitario alternaba el trabajo con el estudio hasta lograr convertir el pequeño negocio familiar en una embotelladora y productora con más de 250 empleados.

La empresa se fundó en 1979 bajo el nombre de Vinos Capri Ltda. con el objetivo de producir vinos, e importar y embotellar licores. Su abanico de ofrecimientos se amplió, y se embarcó en la elaboración de tragos como el vodka y el brandy. En 1988 la compañía cambia su nombre por el de Embotelladora Capri, con la intención de abarcar en la razón social la visión de sus creadores.

En 2000, la industria irrumpió en el campo de los empaques, al utilizar el Tetra Pak para los productos de las licoreras departamentales, mientras continuó elaborando sus propios licores.

En 2009 la compañía se lanza como productora de gaseosas con la marca Maxi Cola, embotellada en politereftalato de etileno (PET), para convertirse en una de las llamadas marcas nuevas, pues en algunas regiones ya existían otras establecidas. Según Moreno, el crecimiento ha sido acelerado: Como empresa familiar los recursos son propios y de bancos…compramos un lote en Sopó de 30.000 m2 con la idea de establecernos allí en menos de un año.

Diversificación

Su desarrollo no ha sido unidireccional, ya que también fabrican y envasan productos de otras compañías como Oma Café y recientemente Alpina, cuyas especificaciones son bastante precisas. Asímismo, la mencionada Maxi Cola ha tenido buena acogida desde su lanzamiento nacional, y hoy ofrece más de siete sabores que le permiten contrapesar a gigantes de la industria.

La variada oferta, especializada en un producto, ha convertido a esta bebida en una opción real para los consumidores, quienes ya reconocen las características propias de la marca al preferirla frente a otras. Esta predilección se presenta, en gran parte, en las zonas populares de las ciudades intermedias y pequeñas, donde su precio es atractivo y supone una nueva compra.

Durante 2014 y con una inversión superior a 3000 millones de pesos en equipos e instalaciones, se prevé suplir la creciente demanda cuantitativa que alguna vez se complicó por causas locativas, pero que, seguramente, se satisfará con la nueva sede y tecnología.

La empresa augura acomodarse rápidamente a las mecánicas de comercialización de gaseosas, contemplando las ventajas de un mercado, en comparación, bajo, aunque con un gran potencial basado en la producción y distribución masificada porque el pequeño margen de ganancia así lo exige.

Un futuro con muchos retos

No ha sido fácil para la Embotelladora Capri alcanzar las condiciones y el volumen de fabricación actuales, pues como en todo negocio, existen riesgos: Hemos visto licores nuestros adulterados, que se consiguen más baratos, y tenemos que descontinuarlos, y el tema de los impuestos hace muy difícil competir con los extranjeros, pues tu pagas por el grado alcohólico y no por el producto, entonces para las compañías productoras nacionales, los insumos que antes comprábamos y que tenían IVA se volvieron un costo, porque ya el licor no tiene IVA.

A nosotros, automáticamente, se nos aumentaron un 16% los costos de materias primas, y, adicionalmente, un producto como un whisky de 18 años con un grado alcohólico de 33 paga el mismo impuesto que un licor nacional de 33o, lo cual hace que no tenga un sentido el impuesto, comenta Moreno al citar las razones de su enfoque local y especializado, como también aquellas por las que apuesta: con una producción de 95% en gaseosas, y de 5% en licores, los precios bajos se han mantenido y significan nuevos clientes tentativos, algo posible gracias a la múltiple oferta del mercado y al ingreso de nuevos competidores.

Finalmente, y para comulgar con la reputación ganada por la compañía, la meta es continuar ofreciendo calidad y economía, hecho más factible si sucede una reformulación de impuestos, que no encarezca la fabricación local y la haga desventajosa. En palabras de Moreno: Hay mercado pero no es fácil… tenemos todo por hacer acá, pues soló cubrimos el 0.56% de la elaboración local, pero seguimos creciendo y rodeándonos de gente que sepa más que yo. Ese es el éxito de la compañía.