La economía regional se contraerá un 5,3 % en 2020, con caídas de 5,2 % para Sudamérica, 5,5 % Mesoamérica, y 2,5 % para el Caribe, según la CEPAL.

A pesar de que los países de la región han tomado medidas de seguridad sanitaria, diferentes en cada caso, intentando mitigar el impacto del COVID-19 en las cadenas de producción de alimentos y bebidas, es innegable el hecho de que las dinámicas de producción, distribución y comercialización han cambiado.

Primero, recordar que la seguridad alimentaria se da efectivamente cuando una persona tiene acceso a los alimentos necesarios (inocuos y nutritivos) para vivir, pero aquí el dilema es el de siempre: la pandemia repercutirá en el incremento del hambre y la pobreza, a pesar de que la región cuenta con las reservas suficientes para suplir la necesidad de alimentación de forma adecuada, según el último informe de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Día a día también se puede ver que las industrias se están transformando hacia modelos que permiten seguir operando, con el fin de llevar los alimentos a la población, ya sea a través de canales online o por medio del seguimiento de protocolos para el funcionamiento seguro e inocuo de las entregas.

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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), por su parte, publicó las fases por las que se debe pasar en medio de la crisis, para asegurar la continuación de la producción y abastecimiento de alimentos en la región. Siendo así, evaluar el panorama, abordar la situación y garantizar la seguridad alimentaria son los principales puntos que destaca, ante la emergencia sanitaria que ha provocado el COVID-19.

Si bien no existe la certeza de cuál será el impacto de la pandemia en la seguridad alimentaria, este dependerá de las políticas que los países tomen sobre cómo las medidas de aislamiento funcionan en torno al abastecimiento de alimentos; y dependerá también de las estructuras de mercado internas, los ingresos poblacionales y los mercados crediticios.

El panorama

Conforme a una evaluación previamente realizada, los países han implementado medidas por sectores para hacerle frente a la situación, centrándose en reactivar aquellos segmentos esenciales para la población, como el de alimentos y bebidas.

Pese a los esfuerzos, las actividades económicas se han reducido, lo que conllevaría a un aumento en el desempleo, que podría pasar de 8,1 % a 11,5% a nivel regional, según proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Por consiguiente, los ingresos de la población disminuirán y la tendencia a adquirir bienes y servicios también lo hará.

Proyecciones del crecimientos del PIB 1

Proyecciones de crecimiento del PIB de América Latina y el Caribe en 2020. Fuente: FAO.

En algunos países, el Estado ha estado suministrando alimentos por medio de “programas solidarios” o estableciendo alianzas público-privadas con el fin de controlar los precios de la canasta básica, como en Colombia, país en el que se publicó una lista —con vigilancia y control de precios— de 26 productos de primera necesidad.

En el Caribe y Mesoamérica, por otro lado, se han impulsado iniciativas de autoproducción, en la que distribuyen insumos para la agricultura. Y en Sudamérica, por su parte, se han enfocado en programas de alimentación infantil.

En entrevista con la FAO, Xavier Lazo Guerrero, ministro de Agricultura y Ganadería de Ecuador, aseguró que, ante la afectación del suministro de alimentos en la detención de exportaciones, han implementado corredores logísticos para facilitar el transporte de alimentos y la creación de Agrotienda Ecuador, un canal entre los productores y consumidores, para la venta de productos.

El riesgo sigue siendo “las limitaciones presupuestarias, los desafíos logísticos y la urgencia de la situación”, conforme a la CELAC, pues se requieren iniciativas de gran impacto, pero que sean realizables en cada uno de los contextos nacionales, teniendo en cuenta las diferentes realidades que vive la región.

“Por ello, conviene tomar esta crisis como una oportunidad sin precedentes para repensar la manera en que funcionan nuestros sistemas alimentarios, y adoptar medidas de recuperación que permitan transitar, en el largo plazo, a economías agrícolas más inclusivas, sostenibles y resilientes a disrupciones”, concluye la FAO.

Con información de la FAO, CELAC y CEPAL.

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