En el mundo se desperdician 1.300 millones de toneladas métricas de alimentos cada año.

En el mundo se desperdician al año 1.300 millones de toneladas métricas de alimentos. Una cifra tan grande como compleja, y que puede obedecer a factores que hasta el momento no se habían tenido en cuenta, según revela un estudio de la Universidad de California en Davis, uno de los mejores centros de educación superior e investigación del mundo.

Lo cierto es que hasta ahora se había pensado que las acciones de productores y consumidores individuales eran las mayores responsables en el desperdicio global de alimentos, sin embargo, destaca el informe, es necesario considerar factores estructurales, culturales y sociales.

“Cuando las personas escuchan esos números, piensan que hay una solución fácil, que deberíamos dejar de desperdiciar alimentos”, señala Ned Spang, profesor asistente en el Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad de California en Davis. “No es así de fácil. Estamos empezando a arañar la superficie para comprender realmente la dinámica de este complicado problema”.

Spang, director del estudio publicado en la revista Annual Reviews of Environment and Resources, encontró que grandes factores sistémicos impulsan el desperdicio de alimentos.

Uno de ellos es la pérdida en los campos, en el transporte y en la venta. Los productores no cosechan alimentos afectados por el clima, las plagas y las enfermedades, debido a que no se venderán. “La gente ve la comida que queda en el campo después de la cosecha y piensa que los agricultores la están desperdiciando”, señala Spang. “Es una caracterización injusta porque realmente no tiene sentido cosechar un cultivo si no se va a comer”.

Además los factores económicos, de infraestructura y transporte son un punto esencial a tener en cuenta para entender las altas cifras de desperdicio. Por ejemplo cuando el precio de mercado es demasiado bajo o los costos laborales son demasiado altos los agricultores prefieren no cosechar a perder tiempo y dinero.

En países con menor nivel de desarrollo, como Colombia, el problema se agrava debido a que el 30 por ciento de los alimentos se desperdicia porque los productores a menudo no pueden pagar los costos de energía del secado, el almacenamiento adecuado o el transporte refrigerado. La mala infraestructura vial que no permite un transporte adecuado también implica un deterioro y posterior desperdicio de los alimentos.

El panorama no es mucho mejor en países desarrollados, como Estados Unidos donde anualmente se pierden 30 millones de toneladas métricas de alimentos al año. Allí el 20 por ciento de los alimentos se desperdicia en la granja debido al secado, almacenamiento, empaque y transporte inadecuados.

Pero los residuos y el consumo minorista también hacen parte de la problemática. Las tiendas y mercados de abarrotes tienden a comprar más de lo que necesitan, abarrotar los estantes, predecir incorrectamente la vida útil o dañar los productos.

Mientras que en los restaurantes los desperdicios provienen de una mala administración del inventario, unas malas opciones de menú o porciones de gran tamaño.

La investigación, además, hace especial énfasis en los factores sociales y culturales más allá de acciones individuales de los consumidores.

“No se puede mirar los desperdicios de un hogar y culpar a la familia”, asegura Spang.

“La comida podría desperdiciarse porque las personas están demasiado ocupadas para cocinar y juzgan mal la cantidad de comida que necesitan. Pueden vivir en áreas rurales y tener que abastecerse y comprar demasiada comida en lugar de conducir con frecuencia largas distancias ”.

Spang destaca que en muchas culturas quedarse sin comida es socialmente inaceptable, por lo que es mejor tener demasiada a muy poca.

Las soluciones en todo caso llegan a ser tan complejas como las mismas causas, concluye el informe. Los cambios a realizar son estructurales y requiere de mejoras en política pública y en los hábitos del consumidor.

Dicho así una mejor capacitación y educación sobre empaque, almacenamiento y transporte podrían ayudar a prevenir el desperdicio después de la cosecha, pero requerirían una inversión significativa en los países en desarrollo.

“Los estudios han demostrado que porciones más pequeñas en restaurantes y en la industria de servicios alimenticios reducen el desperdicio de alimentos. Las campañas de sensibilización para los consumidores sobre el desperdicio de alimentos muestran resultados, pero los programas deben abordar cómo las personas se relacionan con sus alimentos en la vida cotidiana”, destaca el documento.

Lo buena noticia, destaca Spang, es que cada vez más el problema recibe la atención del gobierno, la industria y la academia. “A pesar de su complejidad, hay muchas oportunidades establecidas y emergentes para soluciones específicas para reducir, recuperar y reciclar el desperdicio de alimentos en toda la cadena de suministro de alimentos”, puntualiza el investigador.