Columna realizada por: Susana Socolovsky, Doctora en Ciencias Químicas (Universidad de Buenos Aires). Consultora en Asuntos Regulatorios y Científicos.

Como nunca antes, los consumidores están confundidos y, lo que es más grave, desconfiados. El bombardeo permanente de mensajes, por lo general contradictorios, acerca de la seguridad de los alimentos que llegan al supermercado lleva muchas veces a que las personas tomen decisiones basadas en lo que postulan celebridades y gurúes de moda.

Sin embargo, las últimas proyecciones sobre crecimiento poblacional no dejan lugar a posturas equivocadas sin sustento científico. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en las próximas décadas la población global aumentará en 2.400 millones de personas: hacia 2050 seremos 9.800 millones los habitantes que tendrá el planeta. Ante el enorme desafío que representará alimentar a este mundo superpoblado, desde la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Ciencia y Tecnología de los Alimentos (ALACCTA), consideramos fundamental aclarar varios conceptos que generan dudas.

Por empezar, es preciso destacar que, en Colombia, todos los productos hoy disponibles en las góndolas fueron previamente registrados por las autoridades sanitarias. Aunque muchas veces se los prejuzga, los alimentos procesados son seguros, y los aditivos alimentarios que se utilizan han sido evaluados y aprobados por entidades internacionales, tal es el caso del Comité Mixto de Expertos en Aditivos Alimentarios dependiente de la FAO/OMS; estos aditivos además han sido incorporados al Codex Alimentarius, un compendio de normas, directrices y códigos de prácticas alimentarias internacionales armonizadas, destinadas a proteger la salud de los consumidores y a garantizar las prácticas equitativas del comercio internacional.

El procesamiento de alimentos –un concepto erróneamente cuestionado– hace referencia a cualquier cambio deliberado que se le realice a un producto: tanto salar la carne para preservarla, como pasteurizar la leche o lavar y empaquetar las verduras.

Básicamente, los diferentes procesos que se utilizan en la producción de alimentos en la actualidad son operaciones clave para garantizar la inocuidad y aumentar la disponibilidad de alimentos nutritivos, seguros y asequibles. Como destaca la declaración, que las organizaciones y sociedades miembros de ALACCTA firmamos en Montevideo el año pasado, “el conocimiento científico adquirido acerca de la composición, el procesamiento y el aprovechamiento de los recursos alimentarios permite generar la inmensa variedad de alimentos y bebidas que se ofrecen hoy al consumidor (…) sin el desarrollo científico y tecnológico que existe no será posible superar el hambre y lograr la seguridad alimentaria”.

En el marco de una tendencia internacional, muchos comunicadores hoy promueven las “bondades” de los alimentos en estado natural y cuestionan los procesados, en base a apreciaciones de nula validez científica. Ningún alimento es inherentemente bueno o malo, sino que todos deben ser consumidos en su justa medida teniendo en cuenta que lo óptimo es ingerir una dieta variada, balanceada y moderada que permita incorporar distintos tipos de nutrientes y micronutrientes para que el organismo funcione de forma óptima.

Es la composición nutricional de la dieta diaria la que garantiza una alimentación saludable, y esta dieta puede estar integrada por alimentos “in natura” y alimentos industrializados. También es importante recordar que a diferencia de lo que ocurre con los alimentos procesados -que están sometidos a estrictos controles de calidad y seguridad-, muchos productos que se expenden de manera informal y se rotulan como “naturales” u “orgánicos” en muchos casos no pasan por ningún tipo de inspección, no están certificados, y por ende, no hay garantías de que no hayan estado en contacto con pesticidas que nuestra legislación prohíbe, por ejemplo.

Por último, es importante comprender que la educación nutricional desde la niñez es clave y que en los tiempos que nos tocan vivir valorar el alimento es primordial.