El primer efecto que tendría el TLC de Colombia con Estados Unidos, es la posibilidad de importar insumos sin aranceles desde el país del norte, y de esta forma producir bienes a menor costo.

Lo anterior podría verse desde dos ópticas diferentes, por un lado dicha situación implica un reto adicional para los empresarios de países como Ecuador y Venezuela en cuanto a competitividad y precios de sus productos exportables.

Por otro lado, también puede representar una oportunidad en la medida en que tendrían la posibilidad de importar bienes a menores costos de sus principales socios andinos.

Un ejemplo, lo expone Anamaría Camacho, Directora de Estudios Económicos de la Cámara Colombo Venezolana, quien asegura que antes del TLC con Estados Unidos, la balanza comercial de Venezuela con Colombia y Perú, era y sigue siendo deficitaria, por lo que una reducción en los costos de los bienes importados será positivo para ese país.

En la medida en que se disminuyan los costos de algunos bienes intermedios de Colombia y Perú, la industria de Venezuela podrá acceder a estos bienes a menores costos.

Además, los acuerdos comerciales entre los países de la región con naciones industrializadas deben ser un camino para fortalecer la cooperación sur-sur. Lo anterior quiere decir que deberían fortalecer el desarrollo de cadenas productivas regionales que aumenten la competitividad de los países de la región frente a economías como la de Estados Unidos o Europa.

En la medida en que se fortalezca la integración regional y la producción como bloque será más fácil aprovechar las oportunidades que se generan a partir de un TLC con una nación desarrollada, agrega Camacho.

Otra de las teorías de lo que podría suceder con el comercio entre los países vecinos, y una de las apuestas del Gobierno Nacional es que Colombia se convierta en una plataforma exportadora. Frente al tema, Patricia Galofre de la Consultora Araujo Ibarra, afirma que la gran mayoría de productos agroindustriales de Colombia podrán ingresar libres de arancel al mercado de Estados Unidos (703 partidas arancelarias de 810).

Razón por la cual países sin este tratamiento preferencial muy seguramente empezarán a invertir en Colombia para poder llegar competitivamente al mercado norteamericano, factor que contribuirá positivamente con el crecimiento del país.

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Los acuerdos comerciales entre los países de la región con naciones industrializadas deben ser un camino para fortalecer la cooperación sur-sur.

Algunas advertencias finales

Si bien los empresarios de la industria de alimentos colombiana ven con buenos ojos el TLC y están dispuestos a enfrentar a la competencia, a pesar de las diferencias en tamaño, productividad y competitividad frente al sector estadounidense, es importante resaltar que aún existen temas pendientes que el Gobierno tiene que solucionar, tales como: la revisión de algunos instrumentos de política agropecuaria, del sistema andino de franja de precios, los fondos de estabilización de precios, la productividad del campo, infraestructura vial, en comunicaciones y portuaria.

Si no se da prioridad a estos temas, el resultado final de los acuerdos comerciales de Colombia con el mundo y sus vecinos puede ser contrario a lo esperado y convertir al país en un gran mercado de productos extranjeros. El Gobierno Nacional no solo debe dedicarse a abrir mercados, sino que también debe preparar al país internamente para hacerlo más competitivo en cuanto calidad y precio.

De otra forma, lo único que estamos haciendo es abrir mercados para que entren productos a Colombia muchos más competitivos que los nuestros. Además, es necesario que durante las negociaciones se tenga en cuenta el grado de desarrollo de cada industria y sus condiciones actuales y poder así darle los plazos que les permitan ajustarse y entrar a competir en igualdad de condiciones, concluye María Carolina Lorduy, Directora Ejecutiva de la Cámara de la Industria de Alimentos de la Andi.