La responsabilidad compartida

El complejo mundo de la inocuidad y calidad de los alimentos cuenta con el compromiso de los países del mundo que trabajan conjuntamente en su desarrollo y donde se involucran los gobiernos, la industria y los consumidores. La globalización ha llevado a que la Organización Mundial de la Salud (OMS), y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), centren todos sus esfuerzos en mantener un control en la inocuidad y los efectos que puede generar la falta de vigilancia a nivel mundial, por esto, se vieron obligados a crear el Organismo Internacional de Autoridades de Inocuidad de Alimentos (Infosan), en el que se reconoce la responsabilidad compartida en el seguimiento de las garantías a la población mundial, como un escenario de cooperación y colaboración de los países que lo integran y que en el mes de diciembre de 2010 tendrá como punto de encuentro la ciudad de Abu Dhabi. Allí los integrantes de Infosan discutirán los retos de identificación y evaluación de riesgos de la alimentación y la interacción entre los miembros del Organismo para mejores prácticas en inocuidad de los alimentos en el mundo. La Conferencia Regional de la FAO celebrada a comienzos de 2010 en Panamá marcó el plan de acción para los gobiernos de América Latina y el Caribe (ALC), y el organismo internacional, con el fin de dar unas directrices y sugerencias a los ajustes que se realizarán en materia de inocuidad, calidad y seguridad alimentaria en los próximos dos años, un hecho importante que debe tenerse en cuenta al involucrar 570 millones de personas. El eje central de las políticas de inocuidad y calidad de alimentos que plantea el organismo multilateral se basa en la respuesta estratégica a los diferentes problemas y necesidades de todos los sectores relacionados con los alimentos. Y de la mano de la FAO, la OMS en su informe sobre inocuidad en la región presentado en el 2005 registra la mortalidad de 57.000 personas a causa de enfermedades transmitidas por alimentos, ETAs, entre los que se destacan en su mayoría población infantil. Según la Organización Mundial de la Salud cada año mueren 1,8 millones de personas como consecuencia de enfermedades diarreicas, cuya causa se atribuye en la mayoría de los casos a la ingesta de alimentos contaminados. Cifras del gobierno de los Estados Unidos calculan que cada año 76 millones de estadounidenses resultan enfermos por alimentos contaminados de los cuales 5.000 de ellos mueren. Un trabajo conjunto En el mundo se invierte un billón de dólares en 138 millones de exámenes anuales por patógenos transmitidos por alimentos, una inversión que aún sigue dejando resultados poco alentadores pues cada año 1,8 millones de personas mueren a causa de enfermedades diarreicas que se atribuyen, en la mayoría de los casos, a la ingesta de alimentos contaminados según cifras reveladas por la Organización Mundial de la Salud. Por esto se requiere de un trabajo conjunto en el que los sistemas de seguimiento y vigilancia sean una constante por parte de los gobiernos. De allí el llamado de organismos como la FAO y la OMS para que los países tomen conciencia ante las garantías de la inocuidad y la calidad de los alimentos. Precisamente la ley es una herramienta fundamental para que las empresas de la industria cumplan con las garantías suficientes de inocuidad desde el origen, pasando por los procesos hasta el consumo de un alimento. En Colombia durante los últimos 5 años se expidieron 6 documentos del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), para la modernización del control de los alimentos. Es importante reconocer el impacto de los alimentos en la sociedad, lograrlo puede no ser una tarea fácil pero si factible en el que se involucren sistemas de control y calidad para vigilar los resultados durante los diferentes espacios en los que un alimento se produce y es ingerido.