Desde hace unos años, así como muchos, empecé a hacerle seguimiento a la marca que han llamado la más innovadora de todos tiempos: Apple. Sí, la protagonista del “Think Different”, que año a año da de qué hablar por sus lanzamientos. Y de sus procesos hay mucho que aprender, pues si hay algo que llevó a la compañía a estar en el lugar donde se ubica, es precisamente convencer al mundo de que son una red de innovación.

Su secreto se reduce a una palabra: simple, una tarea que demanda de muchos esfuerzos y de decirle “NO” a muchas cosas. Steve Jobs no era insistente con el tema, era obsesivo con el hecho de hacer más fácil la vida de sus consumidores.

Por eso, sus productos llevan un mensaje rápido de interpretar, tienen el control de todo el sistema con un solo botón, y para conquistar a un gran mercado, se han dedicado a tener una cantidad de computadores suficiente para satisfacer la demanda, sin incursionar en nuevas líneas, pues “es demasiado complicado”.

A pesar de esa buena racha en innovación, Apple también vivió el “ensayo error” tradicional de estos procesos. Esto sucedió con el ratón redondo Hockery Puck y el Power Mac G4 Cube, con una propuesta “Think Different” en diseño, pero poco simple no pensada en el consumidor. Sus nombres, demasiado largos y confusos, si se comparan con la simplicidad de iPad, iPhone, Nano, Shuffle o Touch.

Y hago referencia a este recuerdo, para hablar del Think Different al que está entrando la industria de alimentos y bebidas. Nuevos productos llegan al mercado, algunos muy Apple y otros que fallan. Esto se debe a que estas nuevas invenciones no han partido de algo que es fundamental poner en el centro: las necesidades del consumidor; y también, a nivel interno, apostarles a ideas creativas “en casa”.

Colombia es un país de limitado nivel de innovación. En 2010, uno de los puntos más críticos logró 155 registros de patentes, de las cuales 127 fueron de personas no residentes, un resultado que no se compara con los niveles de México (5.000) y Brasil (7.000), solo por comparar con jugadores latinoamericanos. Este es un indicador para empezar a tomar medidas, pues hay quienes aseguran que Colombia es un país de copias.

Por ejemplo, hay un queso Caqueteño, que se da en Caquetá, producto catalogado como diferencial en el mercado e innovador, pero gran preocupación ha generado en los promotores del tema ver que este se está copiando en Valledupar. Lo mismo que sucede con el bocadillo veleño, que pasó de ser de Vélez, Santander, a comercializarse y producirse en Antioquia.

Se viene un TLC con la Unión Europea, una oportunidad de negocio con 28 países de los más exigentes del mundo, Corea y más desafíos, algo que solo indica que es hora de pensar en innovar, de asumir riegos, dejar de lado las copias y de “Pensar Diferente”.

Ojo: Galletas de chachafruto, yogurt de ahuyama, lulo liofilizado que conquistará a Asia y vino de borojó que se está preparando en el Pacífico colombiano, muestras de innovación por parte de los emprendedoresque pasan “de la palabra al hecho”.

IAlimentos

Por: Stephanny pérez

Coordinadora Editorial IAlimentos

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