Crece la nueva tendencia mundial de darle un valor agregado a los productos que se emplean en el empaque, distribución, almacenamiento y venta de manufacturas, entendiendo que estos son la principal ventana de comunicación con el consumidor.

Que sea reutilizable, brinde información adicional, sea biodegradable, resulte funcional y cuide su diseño atractivo, son hoy valores fundamentales de los empaques para que perdure la imagen de las marcas.Este añadido es crucial porque determina el momento de establecer una comunicación directa con el consumidor, de mandarle un mensaje que le ayude a decidir en el instante crucial, asegura Gabriel Suárez, diseñador gráfico y creativo publicitario.

Una de las empresas que han incursionado en este negocio es Tpack. Hoy diseñan soluciones en empaques para empresas como Alquería, Terpel, Casa Luker, Bavaria, Carulla y Dunkin Donuts, entre otras, bajo conceptos funcionales y visualmente atractivos. Por ejemplo, cuentan con recipientes reutilizables, cajas abre fácil y hasta una línea de cubiertos que se rediseñó para que fueran más livianos y sencillos de manipular.

Además, implementaron el uso de la nanotecnología para la detección de patógenos agentes que transmiten enfermedades a las personas en los empaques de los alimentos, para prevenir miles de hospitalizaciones o muertes por ingesta de productos en mal estado. Según Adriana Wolff, socia fundadora de Tpack, el país tiene oportunidad de explotar este mercado pues ya cuenta con la infraestructura base en fabricación de papel, plástico y metal que le ayudarán a incursionar en nuevos desarrollos y resolver las necesidades del consumidor.

Sostenibilidad en empaques

En cuanto a avances en sostenibilidad, compañías como Greenpack le garantizan al consumidor final que no le harán daño al planeta, pues tiene por principios respetar la naturaleza al tiempo que aportan en calidad y servicio. Para ello, el reto estuvo en adaptarse a una producción especializada a través de la maquinaria instalada, la capacitación en recurso humano y la adquisición de materias primas de alta calidad, señaló Sonia Constanza Méndez, gerente de la firma.

Aunque inicialmente la demanda era muy baja, en 2011 se impulsó con la aplicación de un acuerdo que se firmó en el Concejo de Bogotá en el que se promovía un programa ecológico que incentivara a reducir el uso de bolsas plásticas. Desde entonces la recepción ha sido impresionante, contó Méndez, que hoy trabaja con firmas como Andrés Carne de Res, Wok, Frisby y Copa Airlines.

El secreto de Greenpack es la utilización de materiales vírgenes especiales para entrar en contacto con los alimentos y con propiedades adicionales como antigrasa o antihumedad, esenciales en su línea de servilletas, papel horneable, láminas para separar carnes y quesos, bases de ponqués, bolsas, cajas y sacos industriales, entre otros. Además de que se logran a base de agentes biológicos o son producto de procesos de reciclaje, para su manifactura se emplean pegantes y tintas cuya base es en agua y las costuras son de algodón en su totalidad, con lo que logran la descomposición natural.

A ese esfuerzo se suma una labor pedagógica, pues los empaques que fabrican transmiten mensajes que indican con detalle qué hacer con ellos una vez utilizados y así aprovechar la impresión para hacer publicidad de marca pero también enseñar al público sobre ecología, manifestó Méndez.

Pero las mencionadas compañías no fueron las únicas que decidieron apostarle a una división industrial naciente, otras con décadas de consolidación, como Plastilene, que se fundó en 1957, vienen incursionando en las nuevas tecnologías aprovechando su posición de líderes en el mercado de empaques flexibles para alimentos.

Es así que dentro de sus directrices de gestión están alcanzar la mejor combinación de desempeño y precio, someterse a continuos procesos de mejora y entregar en sus productos la solución a las necesidades de sus clientes, entre los que están Bavaria, Brinsa, Alquería, Molinos Roa y comercializadores de productos agrícolas.