Un grupo de investigadores diseñaron biopelículas comestibles activas capaces de adherirse a las frutas para evitar su rápida maduración.

Con este desarrollo se reducirán las pérdidas económicas que esto representa para las industrias procesadoras y comercializadoras de alimentos. Gracias a esta formulación se logró disminuir hasta en 60% el crecimiento de hongo sobre la superficie de las frutas y duplicar el tiempo de vida de anaquel.

El método lo aplicaron en frutas como el mango y la papaya, las cuales fueron recubiertas con películas hechas de almidón y sorbitol, así como de timol y carvacrol, dos antimicrobianos derivados del aceite esencial de orégano.

El recubrimiento comestible permite que sea más lenta la salida de oxígeno, lo que retarda el proceso de maduración, y gracias a los antimicrobianos se evita que se desarrollen los microorganismos responsables del deterioro de las frutas.

Para procesar una película activa se necesitan tres elementos: un polímero natural, almidón o una sustancia capaz de retener una amplia variedad de compuestos; un solvente que puede ser agua previamente tratada para modificar sus valores de pH, y un plastificante, sustancia química que ayuda a integrar las capas de polímeros para que la película sea flexible.

Así que dentro de poco, productores de alimentos perecederos, estudiantes y personas que gustan conservar alimentos por largo tiempo podrán disfrutar de esta nueva tecnología.